Sobre Bob Dylan #2
De The Old, Weird America por Greil Marcus, p. xv (Picador, 1997):
En otro tiempo, un cantante se plantó en un cruce de mundos. Por un momento, fue dueño de un escenario que nadie ha conseguido volver a montar—un escenario que puede ya no existir. Hace más de 30 años, cuando un mundo al que ahora suele hacerse referencia en términos de error histórico tomaba forma—y cuando mundos mucho más antiguos reaparecían como fantasmas en busca de su destino, mundos crueles y paradisíacos que en 1965 se sentían tan presentes como imposiblemente lejanos—Bob Dylan parecía menos ocupar un punto de quiebre en el espacio y tiempo cultural que ser ese punto de quiebre. Como si la cultura fuera a cambiar de acuerdo a sus deseos o caprichos; de hecho, por un largo tiempo, así fue.
…
[Tras la aparición de la edición oficial y grabaciones pirata de The Basement Tapes] uno podía comenzar a escuchar algo más que un grupo de canciones interesantes o un momento particular en la carrera de un artista. Escuchadas como un todo—como una historia, a pesar o incluso debido a su desorden de piezas faltantes, grabaciones sin terminar y cronologías ficticias de composición o interpretación—las basement tapes pueden comenzar a sonar como un mapa; pero si son un mapa, ¿qué país, qué mina perdida centran y fijan? Pueden comenzar a sonar como un experimento instintivo o un laboratorio: un laboratorio donde, por unos meses, ciertas hebras angulares del lenguaje cultural estadounidense fueron recuperadas y reinventadas.

Me acuerdo que una vez me comentaste eso de Like a rolling stone. Ahora cada vez que escucho (bastante seguido) el tambor, antes de que entre la guitarra o el órgano, me emociono.